La lección del caño
El pajarillo de azulado pecho posó sus patitas en la superficie de cemento del pozo y sacudiendo las alas vertió al ambiente sus más dulces trinos. Al oírla, una gota de agua, tras asomar su cabecita por la boca del caño, se dejó caer extasiada.
A esta gota le siguió otra y, a ésa, otra más. Estrellábanse en el piso para luego correr en pos de un agujero cuya tarea consistía en llevar el agua a través de una larga canaleta.
El caño, que había dormido toda la noche, despertó de su sueño y luego de dar un bostezo, dijo:
-¡Qué día tan hermoso promete la naturaleza! Los rayos de sol extienden sus brazos y abrazan la tierra, los pajarillos gorjean, los loros cantan y el rumor de los niños que llega de la escuela se escucha ya.
Era una mañana hermosa en verdad. La pileta, el caño, las gotas, el agujero, estremeciéronse al oír las voces de los chicos de la escuela.
-¡Quién llega primero al agua!
-¡Yo!
-¿Yo primero!
El pajarillo voló a su nido. Los niños treparon de un salto a la pileta.



